Edición Nº 8001
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La economía mexicana mantiene estabilidad mientras busca acelerar su crecimiento estructural

La administración de la presidenta Claudia Sheinbaum enfrenta el reto de transformar la estabilidad macroeconómica en un motor de crecimiento sostenido.

Redacción El Universal Digital
Foto: sdpnoticias.com

La administración de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo se encuentra en una etapa clave de su gestión, donde la estabilidad económica lograda hasta la fecha debe transitar hacia una fase de expansión productiva más dinámica. A poco más de un año de haber iniciado su mandato, el gobierno federal mantiene como prioridad el equilibrio en las finanzas públicas y el control de la inflación, elementos que han permitido sortear las turbulencias de los mercados internacionales en los últimos meses.

Desde la Secretaría de Hacienda y Crédito Público se ha enfatizado que la disciplina fiscal es la base necesaria para cualquier estrategia de desarrollo. Sin embargo, diversos analistas económicos sugieren que, si bien la prudencia ha blindado al país frente a choques externos, el reto actual reside en la implementación de políticas que incentiven la inversión privada y mejoren la competitividad en sectores estratégicos de la industria nacional.

El equipo de gobierno ha planteado la posibilidad de fortalecer la infraestructura logística y energética para detonar un mayor dinamismo en las regiones con menor desarrollo. Se propone que, mediante una coordinación estrecha con el sector empresarial y una mayor eficiencia en el gasto público, se logre una transición efectiva de una economía de contención a una de crecimiento sostenido que permee en la calidad de vida de las familias mexicanas.

La presidenta Sheinbaum dispone todavía de tiempo suficiente para colocar el crecimiento como el eje central de su administración sin comprometer los pilares macroeconómicos. La estabilidad, aunque indispensable, deberá ser el punto de partida para ejecutar las reformas y proyectos de infraestructura que permitan a México despegar y alcanzar tasas de crecimiento más robustas en la segunda mitad de su periodo presidencial.

Finalmente, la capacidad de atraer inversiones bajo las nuevas condiciones globales de relocalización de cadenas productivas será determinante. El éxito de este objetivo dependerá de la certidumbre jurídica y de la eficacia con la que las secretarías de Estado logren implementar los programas de fomento económico prometidos al inicio del sexenio.

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